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  18-11-2008
Castigo físico jamás logra cambio en escolares que sacan malas notas, advierten

 El castigo físico y sus inevitables secuelas psicológicas son la peor manera de corregir el desempeño de un escolar que obtiene malas notas en el colegio, reprueba materias o incluso repite el año, y jamás contribuye a lograr el cambio positivo que esperan los padres, sostuvo el psicólogo y director del Instituto Guestalt de Lima, Manuel Saravia.

El especialista lamentó que aún exista padres de familia que creen que castigar físicamente a sus hijos es la mejor solución para un deficiente rendimiento escolar, cuando está totalmente demostrado que la agresión sólo consigue agravar el problema y contribuye a la disminución de la autoestima del niño o adolescente escolar.

En ese sentido, advirtió que cuando la autoestima de una persona, sobre todo los menores de edad, resulta muy afectada, ésta no sólo se sumerge en una depresión que le impide salir adelante y revertir los malos resultados en su rendimiento académico o comportamiento, sino que se distancia de sus padres. Incluso puede llegar al extremo de intentar el suicidio como una “salida desesperada” a la crisis que atraviesa. 

Saravia consideró que esta antigua forma de manejar esta situación por parte de ciertos padres responde generalmente a una crianza similar en la que también sufrieron maltrato físico y psicológico cuando eran pequeños, y ahora la reproducen en sus hijos. De esta forma, la situación se convierte en un “círculo vicioso” sin solución, agregó.

Manifestó que muchos hogares confunden autoridad con castigo y sólo ven en este proceder la única solución a las dificultades en la crianza de sus hijos. En casos extremos, descargan sus frustraciones y fracasos en sus vástagos cuando ellos no tienen culpa de lo que sucede con sus progenitores. 

Para enfrentar esta situación, que se enfatiza cuando está por culminar el año escolar, el especialista recomendó a los padres de familia que primero dialoguen con sus hijos, tanto con los que obtienen malas notas como los que rinden satisfactoriamente o con excelencia.

“En el caso de los que desaprueban los cursos, es necesario dialogar más, darles la confianza para que expresen lo que sienten y expliquen los motivos que llevaron a un pobre rendimiento escolar”, anotó.

A partir de un conocimiento cercano de lo que piensa y siente su hijo, el padre de familia debe pensar en una solución no sólo académica, que puede ser coyuntural y pasajera, sino también espiritual y afectiva, que logre que el menor sienta confianza en sí mismo, en sus padres que lo quieren y respaldan pese al mal momento.
 
"Que se dé cuenta que es posible mejorar y finalmente se proponga revertir ésta y cualquier otra mala situación que se le presente en adelante", sostuvo.

“Un menor criado con afecto, formado en el diálogo familiar, en el respeto a sus padres y a su autoridad, crecerá con buena autoestima, sabrá conducirse correctamente en la sociedad, superará diversos problemas y, sobre todo, reproducirá la buena crianza que tuvo cuando forme su propia familia”, destacó.

Saravia exhortó a los padres de familia a no dejar de lado el “acompañamiento” a sus hijos, es decir, mostrarse interesados en su desarrollo personal y en su desempeño educativo acudiendo periódicamente al colegio o cuando sean citados por los profesores o tutores, averiguar la opinión que se tiene de sus hijos en clase y fuera del hogar para saber si se están insertando adecuadamente en la sociedad.

Asimismo, conocer a las amistades que tienen sus hijos, los lugares que frecuentan, sus pasatiempos, pero con sutileza, sin invadir la natural intimidad de toda persona.

“La autoridad debe expresarse en lograr un equilibrio en el tiempo dedicado al estudio y al descanso, el deporte o el pasatiempo favorito, reduciendo las horas de relajo cuando se observe una disminución en el rendimiento académico, pero siempre conversando para que el menor comprenda la importancia del estudio para su formación personal y su porvenir”, enfatizó.

Finalmente, el psicólogo aconsejó a los padres de familia que deben tener muy en cuenta la edad de sus hijos al momento de tratar un asunto de bajo rendimiento escolar. “No es lo mismo abordar este tema con un niño del nivel Primaria que hacerlo con un adolescente de Secundaria, dado que se trata de etapas muy distintas, en lo físico y emocional, en la formación de la persona”, dijo.

Fuente: Andina





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