Martín Adán
Artículos
Sobre el Escrito a ciegas
Martín Adán, diafanidad del oráculo
La respuesta fue escrita antes de formulada la pregunta. Celia Paschero, colaboradora de Borges por aquel entonces, buscaba material para elaborar su tesis doctoral sobre "La poesía peruana contemporánea". Para tal efecto, envía la siguiente misiva a nuestro poeta: "Martín Adán: ¿el motivo de esta carta? Además del simplemente afectuoso, que es el más importante, este otro: pedirle a usted datos sobre su propia vida, si es posible, contados con toda la sal que usted sabe ponerle en cuanto dice y escribe, porque he ofrecido un artículo sobre usted en 'La Nación'… Yo recién he comenzado a publicar allí y quiero escribir un artículo humano, en el que se sienta su sangre y su piel… Sé que todo este asunto puede resultarle muy fastidioso. Pero en nombre del cariño que yo le tengo, en nombre de mi profunda admiración por usted, por favor acceda a mis ruegos. Deje usted de lado toda su bohemia o vuélquela íntegra en lo que me escriba y…hábleme de usted, ¿lo hará?". Fue entonces que Martín nos entregó el Escrito a ciegas.
Mirko Lauer ha observado tres elementos que articulan este magnífico poemario. Su carácter autobiográfico (el poeta ya no apela a la rosa como en Travesía de extramares para proclamar su angustia, ahora el mismo constituye esa instancia suprema); el tono oracular que acompaña al texto (¿en qué consiste la profecía de Adán? Evocar el sueño y el pasado, la ciudad como cadáver, la desesperación de la conciencia por su vínculo con la ceniza). El Escrito a ciegas resulta ser una suerte de muestrario de antiguas obsesiones, existenciales o poéticas. Angustia ante la muerte o los límites de la palabra es evocada en esta respuesta. Detengámonos entonces en ese segundo rasgo señalado por Lauer.
El verdadero rostro del oráculo es el enigma. Giorgio Colli, en La sabiduría griega, con respecto a los misterios eleusinos ha señalado no sólo el elemento extático-visionario de la experiencia, sino también el carácter secreto de la misma, es decir, el no poder ser expresado, proferido, ni poder ser aprendido. Edipo llegó a ser rey porque descifró el misterio. La preocupación de Sofócles, según Foucault, no es otra que la vinculación del saber al poder. Edipo tiene el poder porque posee el saber. En ningún momento se muestra perturbado por lo que acaban de comunicarle, sino por lo que pudiera acarrearle la pérdida del poder. Con Platón se produce la ruptura. La filosofía platónica puede ser vista como el intento de retomar este cauce. No olvidemos que en el oráculo confluyen tres niveles definidos aunque no delimitados: el divino, el humano y el demoníaco. El furor de la pitonisa restituye la antigua unidad. Se precisa de un intermediario que comunique a los dioses las miserias humanas y a los hombres los designios divinos.
En Escrito a ciegas, Martín Adán ha logrado esclarecer el enigma, al haber alcanzado la confluencia perpetua de los tres mundos. Por un lado, la sabiduría de aceptar que no hay grandes preguntas, por lo tanto, la ingenuidad de indagar por grandes respuestas. "Quieres tú saber de mi vida/ Yo sólo sé de mi paso/ de mi peso,/ de mi tristeza y de mi zapato!". De otra parte, la complejidad del ser humano, exiliado en nuestro propio ser, tocando las puertas que se cerraron para siempre, vale decir, las puertas de la divinidad: "Y no alcancé el furor de lo divino/ Ni la simpatía de lo humano". Diafanidad del oráculo.
Por: Andrés Piñeiro
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