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Martín Adán

Poesía


 
SOL

El sol brincó en el árbol.
Después todo fue pájaros.

Lejos, aquí, llovía
el cielo de tus manos,
un cielo pequeñito,
profundo, solitario.
Hora todo es distancia,
ceguedad, aletazo.

El sol tiene en el árbol
inquietudes de pájaro.

(Publicado en el Mercurio peruano de julio - agosto de 1928)


 
QUARTA RIPRESA
Bien sabe la rosa en qué mano se posa. Refrán de Castilla Viera estar rosal florido, cogí rosas con sospiro: vengo del rosale. Gil Vicente -La que nace, es la rosa inesperada; La que muere, es la rosa consentida; Sólo al no parecer pasa la vida, Porque viento letal es la mirada. -¡Cuánta segura rosa no es en nada!... ¡Si no es sino la rosa presentida!... ¡Si Dios sopla a la rosa y a la vida Por el ojo del ciego... rosa amada!... -Triste y tierna, la rosa verdadera Es el triste y el tierno sin figura, Ninguna imagen a la luz primera. -Deseándola deshójase el deseo... Y quien la viere olvida, y ella dura... ¡Ay, que es así la Rosa y no la veo!... (De Travesía de extramares)   POESÍA, MANO VACÍA Poesía, mano vacía... Poesía, mano empuñada Por furor para con su nada Ante atroz tesoro del día... Poesía, la casa umbría La defuera de mi pisada... Poesía la aún no hallada Casa que asaz busco en la mía... Poesía se está defuera: Poesía es una quimera... ¡A la vez a la voz y al dios!... Poesía, no dice nada: Poesía se está, callada, escuchando su propia voz. (De Diario de poeta)   ESQUIZOFRENIA Manicomnio del alba, asilante un lucero friolero, adormilado, tan ave todavía… -Apenas la tarde se pone luz ap-te-ro, cuerdo, inmóvil, etcétera, a toda celestía. En la rama cimera de un arbógeno aguacero, estrellín, estrellón, anoche se dormía, el pico bajo el ala, a un grado bajo cero, sin hembra al lado, al lado de un viento que rugía. Hora aletea torpe con las alas rociadas; loco de soledad, se ignora estrella y pía en tema de ave y topa con las brisas cerradas. -Avestrella, delirio, patetismo mentales… Los anteojos de Núñez deploran tu manía en ciegas adherencias de orvallos lacrimales. (De Itinerario de primavera)   URBANISMO Extramuros; meaban tufillos de ganado; el sol, viudo, fregábase la marmilla de cobre, y un ficus malarioso, paupérrimo, baldado, ingería la purga de un regato salobre. Ketty; sus ojos agros ya se han urbanizado; Ketty, yanquis elevan hierro y cemento sobre sus pupilas palustres; postrero parvo prado de la corbata verde de algún amigo pobre… En seda vegetal salvo el color extenso que ingenieros albinos, mascando chicle, a tenso cordel y a teodolito, van hurtando a mi pena: -Viento agudo mondaba la tarde, que era una manzana madurísima, y el plato de la luna colmábase de tiras de cáscaras morena… (De Itinerario de primavera)   POEMAS UNDERWOOD Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas. Por ellas se va con la policía a la felicidad. La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras. No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido. Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas de tráfico. Las casas rumian sus paces de buey. Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría. Límpiate de entusiasmos los ojos. Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza. Cree tú que son mujeres viciosas. Así tendrás tu aventura y tu sonrisa para después de la cena. Los hombres que tropiezan tienen la carne encallecida de oficina. El amor está en cualquier parte, pero en ninguna está de otro modo. Pasaban obreros con los ojos resentidos con la tarde, con la ciudad y con los hombres. ¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sino tu alma. La ciudad lame la noche como una gata famélica. Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz. Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ninguna clase. Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores. Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido, casi un personaje suyo. Pero no he de enfurecerme por pequeñeces. Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas: las novelas de Víctor Hugo, la democracia, la instrucción primaria, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera. Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros. Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse. Porque no quieren creer que todo es irremediable. La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había que ir con revólver. Y los griegos, a pesar de su cultura, fueron hombres felices. Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas. Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diría nunca. Él no se mete en honduras -y está viejo, quiere paz y hasta apoya a los moderados. El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente. No hay manera de hacerle hablar cuando está borracho. Cuando no lo está, abomina de la borrachera o ama a su prójimo. Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los hombres. Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo. Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a cada instante y no viven nada. He aquí mis prójimos. La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades. Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho -no son diosas ni mujeres. Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad. En punto a honradez, no soy de los peores. Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo. Nací en una ciudad, y no sé ver el campo. Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío. En cambio deseo el cielo. Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico. Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no son tintes alemanes. Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada hombre. No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía. Ahora en las calles hay un poco de sol. No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando manchas en el suelo como un animal degollado. Pasa un perrito cojo -he aquí la única compasión, la única caridad, el único amor de que soy capaz. Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana pero verdadera. Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja -(todos un poco perros)-. Mascar huesos como los poetas de Murger, pero con serenidad. Pero los hombres tienen posvida. Por eso dedican su vida al amor del prójimo. El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempo vacío… Diógenes es un mito -la humanización del perro. El anhelo que tienen los grandes hombres de ser completamente perros. Los pequeños hombres quieren ser completamente grandes hombres, millonarios, a veces dioses. Pero estas cosas deben decirse en voz baja -siento miedo de oírme a mí mismo. Yo no soy un gran hombre -yo soy un hombre cualquiera que ensaya las grandes felicidades. Pero la felicidad no basta a ser feliz. El mundo está demasiado feo, y no hay manera de embellecerlo. Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles y fábricas bajo un aletazo de banderas rojas. Yo me siento las manos delicadas. ¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada. O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros. Tú no tienes las ojeras demasiado grandes. Yo quiero ser feliz de una manera pequeña. Con dulzura, con esperanza, con insatisfacción, con limitación, con tiempo, con perfección. Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando durante la travesía aventuras como peces. Pero ¿a dónde iría yo? El mundo me es insuficiente. Es demasiado grande, y no puedo desmenuzarlo en pequeñas satisfacciones como yo quiero. La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más… Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad. El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico. Citeres es un balneario norteamericano. Los yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casi muerta. El panorama cambia como una película desde todas las esquinas. El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelas de cigarrillos. Pero ésta no es la escena final. Pero ello es por lo que el beso suena. Nada me basta, ni siquiera la muerte; quiero medida, perfección, satisfacción, deleite. ¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso? La tarde ya se habría acabado en la ciudad. Y yo todavía me siento la tarde. Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes. Y todos los malos pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre que no ha pecado nunca. Estoy sin pasado, con un futuro excesivo. A casa… (Publicados en La casa de cartón)   ANTRO ¿Cómo, Cosa, así… vacía, A cima de espina y pena, Como ninguna… serena: Deshumana todavía? ¿Dónde el dios y su agonía!… ¿Dónde la tumba y la esposa!… ¿Dónde la lengua gloriosa!… ¿Dónde el azar que a ti se eche!… ¿Dónde la sangre y la leche!… ¿Dónde, Capullo de Rosa?… (De La rosa de la espinela)   CINCEL El pétalo, que palpita. Entallando intensidad, Tiró a brío y brevedad La materia hermafrodita. Sexo de forma infinita, En un ejemplo que crece, Va a parecer do perece: Con millonésimo escorzo, Curvo y crispado en un torso, Mútilo de belvedere. (De La rosa de la espinela)   PUNTO At length the man perceives it die away, And fade into the light of common day. WORDSWORTH Pues la rosa venidera, Próspero seno errabundo, Fruto y flor y amante y mundo, Lírica, acoge si espera. Punto en que pulula esfera De épico tacto, futura, La facción de la hermosura Va, derechera y estable, Derrota inconmensurable De celestial singladura. (De La rosa de la espinela)   OTTAVA RIPRESA
How many loved your moment of glad grace, And loved your beauty with false love and true, But one man loved the pilgrim soul in you, And loved the sorrows of your changing face… YEATS Je sais qu'une âme implique un geste D'où vibre une sonorité Qu'harmonieusement atteste La très adequate clarté. GIDE -No eres la teoría, que tu espina Hincó muy hondo; ni eres de probanza De la rosa a la Rosa, que tu lanza Abrió camino así que descamina. -Eres la Rosa misma, sibilina Maestra que dificulta la esperanza De la rosa perfecta, que no alcanza A aprender de la rosa que alucina. -¡Rosa de rosa, idéntica y sensible, A tu ejemplo, profano y mudadero, El Poeta hace la rosa que es terrible! -¡Que eres la rosa eterna que en tu rama Rapta al que, prevenido prisionero, Roza la rosa del amor que no ama! (De Travesía de extramares)   TODO LO IGNORAS PORQUE ERES DE PIEDRA… Todo lo ignoras porque eres de piedra, Todo lo ignoras porque es otro el día; Todo lo ignoras porque es otro el río Y sigue siendo así todavía. Nada es realidad sino de enfrente, Y con mi mano encima, encallecida. ¡Cuando tú sepas por qué fue la ojera, Cuando tú sepas lo de mi camisa, Cuando lo sepas todo, piedra noble Si lo sabes, piedra caída! Vivían todos porque ya vivían ¡Que todo caiga, Piedra! Todo reviva, Todo sea, La otra vez, el tiempo El tiempo de minúscula e idea, Este cuerpo de estar Y de amor de belleza ¡No reparar en rima, Todo sea del pie a la cabeza! ¡Toda la letra que no se interpreta Todo será en un día, Mi sudor de verano, Y mis pies sucios, Y mi vida por de fuera Todo lo que no soy y que me viva Ya lo sé, yo enfermo de mi primavera! (De La mano desasida)   LA CAMPANA CATALINA De la coplería arequipeña, inédita, de Martín Adán:"La Campana Catalina" (1936) and many a heart tant was gay, within the tomb now darkly dwells, and hears no more those evening bells! Th. Moore I -¡Catalina, catalina, campana de acompañarte uno, la lengua de oro, aal uúltimo aire!... ¡Callándote, que no te oye!... ¡Das el ángelus al ángel! ¡Que la Catalina habla como si le faltara aire! -La campana Catalina nunca tocó a tal valle. ¡Catalina la campana no niega cuando no plañe! ¡Que la Catalina canta, en el domingo del aire! ¡Que la Catalina, tonta, que ella reía llorares!... ¡Que la Catalina, ciega, que no se pierde buscándole!... ¡Que la Catalina miente, que sí que llamó a alguien! ¿Y las voces inauditas, inciertas, inefables...? ¿Por qué responder a veces apenas, a voz de nadie? -¡Catalina la campana, la de falsos olvidares, que te quedas con amor, que te quedas con amante! ¡Catalina, Catalina descúbretele, reclámale, que el río gloguea ya, que ya se despinta el valle! Que la Catalina calla, porque padeció callares, que la Catalina es ella, pero no la quiere nadie. -¿Que la Catalina puede! ¡Que la Catalina sabe! ¡Que la Catalina, de oro, como corazón constante!... Que la Catalina esconde su corazoncito grande, que lo que provoca envidia uno no la fía a nadie. -¡El ha de volver a bello! ¡El ha de volver a valle Él ha de volver a ti, a la campanita madre! ¡Que con lampo y con zureo tornará alado a cauce, la inmortalidad, ardida de estrellas y soledades! ¡Que es de tu cuerpo, de tu alma, de tu bronce, de tu alcance!... ¡Hétele, que se te esconde! ¡Llámale, llámale, llámale! ¡Que asorda la campanita! ¡Que arrasa un soplo anhelante! ¡Que por sobre todo otea! ¡Que le distinguió el aire! La campana Catalina tañe, tañe, tañe, tañe. IV Bescheidet auch mit alten Leidensregeln St. George Guillén, Rodríguez y yo íbamos a una tarde, desde el tañido de Tingo, sobre sonares de sauces -¡Que la mamita del Dios, la de los siete puñales!... ¡Que la mamita del Caima!... ¡Que la mamita del Carmen!... Exacerban a un sollozo, que se ahorca, por soltarse la guitarra, indestructible, y la mano, infatigable. Y fue un dolor plañidero que se sofoca en pañales como el dolor de los niños que atentan a los panales. Y en sí misma, a mujeriegas, la muerte sigue a mi valle, embarrando hasta la luna, sobre un trote sin ijares. ¡Y una sima, de resón!... ¡Y una raridad del aire!... ¡Y un goce de la herida!... ¡Y una gana de vengarme!... -Yo quiero ser el que soy; y quiero no preguntarte, guitarra, por que soy otro que no atina a preguntarme. Bordonean las guitarras sutiles de los gañanes; y ya tira de su cuerda el bordoneo, implacable. -No te enamores de veras, que te querrán con puñales. Di que vas sin corazón; porque lo dejan sin sangre. Como el vilano a la luz, el corazón siempre arde. Como el vilano al viento, el corazón nunca cae. ¡Poesía, no me hiciste! ¡Soy más que tu verso grande! ¡El río se va a la mar, y yo me quedo acordándome! -Es la muerte, y no revives. La perfección ¿qué te vale! Siempre serás el tu origen, preso en la umbela del aire. Molinos muelen y muelen Mis huesos en otro valle, por hogaza ácima inmensa, por sustentar a Dios Padre. Y el molino muele en vano. Y el molino muele el aire. ¡Y guitarra, remolino de antónimos y compases!... En voz, en follaje, en poda gimen las iras torcaces, y rezuman higo y fuego roja miel y dulce sangre. Se queman cielos y cielos a una noche que arde; y se juntan miedosos, uno a otro, valles, valles... -¡Y sin tacto lo cogí! ¡Algo de la noche, madre guitarra!... ¡Y heló la mano del sí acertar a acordarme! -¡Amor que se pone en ti muy pronto se ve en el aire! -¡Ay, el aire ha de ponerle en viento que ha de tornarle! -¡La dicha, no te me niegues, no te escondas ni aplaces! ¡Yo siempre seré el que espera, dispuesto a desesperarse! Bordonean las confusas guitarras irrefragables; y va aserrando su borde el bordoneo, crispante. ¡Guitarra, de no cejar!... ¡Guitarra, de no acordarte!... ¡Maldición de malquerido!... ¡Mansedumbre de cadáver!... -¡Yo no fui! ¡Fue el que lloraba yo, cuando no era nadie yo, y la guitarra era yo, sangre y sombra, la madre! Con el lucero y el llanto, lágrimas y luminares de higos y de guitarras, pendientes y entrañables!... ¡Oh, cómo truena y penetra la campana del callarme! ¡Oh, qué badajo yo mismo contra mi alma y hueso y carne! ¡Lo sé, el río, mi río, yo, que yerro por tu valle, quejándome de llamar con los nombres sustanciales! ¡Sabiduría infinita de no saber olvidarte!... Y Dios toca la guitarra, y llora ya sin doblarse. ¡Por la eternidad intacta, por el designio incesante, por la persona infinita y por la obra interminable! ¡Poesía, tú no vas: tú vienes de originarme, y en tu término palpita la eternidad de no hallarte! ¡Que la mamita del Dios, la de los siete puñales, como recordando mía semana de no acordarme!... ¡Y como los nombres nombran con los sueños por delante; y como aran los bueyes, con testículos impares! La guitarra va y viene, va y viene y en su abismarte como el que se ahorcó, ya inocente, en el aire. -La muerte, ablanda tu hueso duro, para sujetarme: yo no huiré a parte alguna, porque estoy en todas partes. Yo siempre estaré en la vida a sombra de costillares, golpeando cuerdas y nervios y remeciendo los árboles. ¡Infinita brevedad, que sigue y sigue, aun de sangre, que se desangra el absorto de la que cobra el celaje!... -¡Clava en tu carne tu hueso y echa a morder en el aire, que Dios no quiere contigo sino errar adivinándote! -¡El goce te habrá enterrado, tesoro de despertares! ¡Mi ver lo tragó la tierra: dunas lo llevan y traen! Sangra, sangra la reciente guitarra, eterna e incurable. Treno tanto, treme, treme, con la mama de la madre. -Amor no es sino tu nombre dicho a la oreja de nadie. Si lo dices, dilo quedo: procura no despertarte. -¡Yo no sé sino que vivo porque me maté muy tarde! ¡Yo no sé sino que muero de tanto temer matarme! ¡Esta música maldita que no acaba, y que no acabe!... ¡Ay, manera de matar, que no mata lo bastante!... ¡Repetir que no, que no!... ¡En el fluir, atravesarte!... ¡Acallarlo, con sordera!... ¡Contener brazo del aire! -¡Ay, que me enfrío de muerte! ¡Ay, que me pasó mi sangre! ¡Ay, que me puse a morir- me de través en el cauce! Luz deslumbra, ¿y qué esclarece! Es, y azoga los cristales. ¡Poesía sin través, tu verso es interminable! Los sentidos se abalanzan a un inútil esforzarse de serojos sitibundos para con aguas fugaces. -¡Y mueres, y no te alegras! ¿No lo querías sin margen? ¡El agua que te ahoga es el llanto ya sin sauce! -¡Que los ayes me desuellan, ay, sin llegar a tocarme! ¡Que ya me quiero dormir en los brazos de los ayes! Bordonearon las tremendas guitarras imponderables; y va enfriando su asfixia a oscuridad del aire. Bordón y prima se casan en una clausura de ayes, y se oye un callar de beso, y cunde un vaho de sangre... -¡Que el ritmo vuelva y me lleve a donde puedan matarme! ¡Ya nazco otro, y no siento -yo dolor- el que me pare! ¡Yo me ande sobre cayado de gana que no se harte, y yo me costee en leño de eternidad inestable! ¡Y yo, mis dioses bebidos regrese de lupanares, de dioses que no consientan ni perderme ni salvarme! ¡Sí, allá en el puerto de Thule, donde amanece a los ángeles, que remiran judas ciegos y barajan gordos naipes!... Cuando en casa sin aliento, presente aún el ángel, desnudan un lecho manos mudas, ciegas, de una madre. ¡Ay, rumbo en que cupo el barco apenas y ya no cabe!... ¡Ah, altamar de guitarra!... ¿Qué cielo para tu mástil!... -Guitarras digan mi nombre; besos husmeen a mi aire: es en vano: me perdí, y no quiero recobrarme, -¡Redivivo nacerás, si te acuerdas de acordarte! ¡Humanidad es de olvido! ¡Y Dios es inolvidable! -Necesidad, alma mía, ¿Hasta cuándo habré de estarte? ¡Hágase el hecho una vez; y yo pueda ir a mi hambre! -¡Lo que una vez hiciste siempre habrá de trasoñarte! ¡Mi corazón es de entonces, pero mi fe era de enantes! -¡Mi gozo, ser, crece, crece más alto que tu desaire! ¡Me place mi vida en flor, rodrigada de huracanes! -Eternidad, alma mía, ¿hasta cuándo habré de fiarte? ¡Haz de mi sexo la roca y de encaro de uno y nadie! ¡Abrazo no la extasíe! ¡Mirada no la embarace! ¡Amor no sepa decirla los mil nombres del amante! Que eternidad es así. De alma y cuerpo y río y valle. ¡De pregunta y de callar, y de encaro de uno y nadie! -¡Ay, que no puedo morirme, que me soy de hueso y carne, y un alma que no me suelte, y un beso que habrá de dárseme! ¡No hay ojo para la proa y no hay cuerpo para el viaje! ¡Sólo apenas; sólo amarras; variedad, empuje, alcance...! ¡Qué soledad numerosa, de retraimiento unánime!... Mirando el aire sedente avanza el aire emigrante. ¿Qué humano se hace ninguno para ya en ello embarcarse! Y por la mar de las cosas va uno a la angustia de nadie. Es apenas leño y hierro, pero guía un querer salvarte de no sé quién tuyo acaso, de huesos y venas grandes. Mudez y musculatura conciertan ritmos tenaces, el cantar echa su hedor, axila, red, a los trances. -¡Sí, yo, que derroché todo mi botín de inanidades, de ternuras sin amor, ganadas al abordaje!... ¡Derrota en que cupo el barco apenas, y ya no cabe!... ¡Ah, altamar de la guitarra sin ala para tu mástil!... ¿Qué mano empuño extensiones, haz de quillas y de trances! Y singla hacia puerto intenso, pulso puro, el navegante. ¡Embraste la madera, y quieres echar los trastes! ¡Ah, guitarra, el barco mío, sin cielo para tu mástil!... Y va en la fuerza durísima la humanidad de la nave; hondo en carga inescrutada, la sentina inescrutable. -¡Alma y cuerpo eres de alma y ya no puedes fiarte! ¡Humanidad es de sido, y Dios es irreparable! ¡Vida, es tu esfuerzo en vano, que vivir es invocarte! ¡Abres la boca, y no estás, nunca, ninguno, en tus mares! -¡Amor, amor odiará! ¡Tú serás tú imaginarte! Pereció la última mano, pero sobrevive el ásgase. ¡Ah, mi corazón de ahora, de menester de ahogarse!... ¡Ay, mi corazón de entonces, de salvaciones falaces! Hora se va mi deseo. De aquí se va, sin llevarme. Aquí quiere lo que no es. Y mi alma, enamorándome. Amor alguno vendrá, Y estará un amor mirándome. ¡Yo no sé sino que supe, Y que no sé olvidarme! ¡Guitarra, no me lo digas, que dices secreto al aire! ¡Tristeza, no tengas miedo, que yo tengo miedo, madre! Golpean sus corazones, impasibles los gañanes, los ojos como de alumbre, las manos como de alambre. VIII Llego a verde absoluto, regresando; y no es el valle. ¡Y cómo pesa el pie, calzado de espesa sangre! Andando sobre mí mismo, yo me procuro, cargándome; y cada cosa me orienta a un coágulo de sangre. Miro buey: dos ojos ciegos, que lucen a eternidades, bajo testuz que es un vaso de ofrenda de dura sangre. Miro regato, de córnea que una vez miró, vivace: una lividez de párpado, rusida de quieta sangre. Casi humus, casi luz, vasta electricidades, los trigos ganados tremen, vibran: ¡que abreve la sangre! Nieves de cimas y cirros, alcores de claras sales, toisón del cordero albo morirían para sangre. ¡Ay, que paró el que seguía como el eterno romance!... Y se me va la palabra como se iría mi sangre. Y escuchando a luces mudas, aprehendo lo impenetrable: que todo mi sangre vierte si no lo agita la sangre. X Alberto Guillén, ya cera, ya la miel de los panales inúndate, macerando tus corazones a mares. Celda alguna permanece por que nunca más te apartes, gota de miel sin goloso, abeja írrita y pinchante, La corona de aguijones de las sienes se te cae, y en aureola de iris de élitros la truecan ángeles. -Ave y nube singular que labran de gusto el valle, hasta la colmena en ciernes de tu Yanahuara cande. -De una miel que era tan dulce, que alanceaba al tragarse; de una miel que así se acendra, que a sí misma se relame. -De la flama y del fluir de mieles sentimentales, las de los nombres en celo que se hieren en el aire. -El valle, en tu corazón, inmóvil, mueve agua y cauce; y el río traspasa, miel, gota a gota, tu cadáver. -Hondo en tu patria terrena, ejemplo a eternidade, dulzura que quiebra el vaso, luces y zumbas y sabes. El logaritmo en derrota por el exágono plañe a cera que se derrite y a miel que fluye en Dios Cauce. (De La Campana Catalina)

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