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Si bien la contribución del sector minero en los indicadores macroeconómicos es innegable constituyendo más del 50% de los ingresos del país por exportaciones, el impacto que genera en el medio ambiente y en los pobladores de los alrededores de las zonas de explotación ha sido motivo de constantes preocupaciones.
La actividad minera es una actividad extractiva que por su propia naturaleza implica procesos de fuerte impacto en el ambiente porque es necesario perforar la corteza terrestre y separar los minerales entre sí. El Estado Peruano solicita a los inversionistas estudios de impacto ambiental (EIA) antes de iniciar las operaciones, pero el mismo no cuenta con los recursos para regular el cumplimiento de la ley.
En el camino de Lima a la Oroya se pueden apreciar verdaderas lagunas de deshechos tóxicos donde no hay vida alguna. Los ruidos producto de las explosiones ahuyentan la fauna del lugar y al final de sus operaciones los suelos ya no pueden ser utilizados para la agricultura. La contaminación afecta también la salud de los pobladores de la región.
Las consecuencias sociales no son menos alarmantes. Los proyectos de inversión minera ofrecen fomentar el desarrollo para las ciudades cercanas, sin embargo mucho de los empleos ofrecidos son absorbidos por personal foráneo a la región. Por su naturaleza la actividad minera emplea un pequeño número de trabajadores, los mismos que deben tener un elevado nivel de capacitación. Las ciudades no tienen un desarrollo que guarde relación con el éxito del negocio minero. En Cajamarca donde se emplaza la minera Yanacocha explotando los yacimientos de oro, los índices de desarrollo humano han disminuido. Muchos de los trabajadores no permanecen durante sus días libres en los pueblos cercanos a la mina sino que van a gastar sus ingresos en las ciudades grandes, de Huaraz van a Lima y de Pasco van a Huancayo.
El sector minero es un ejemplo que ilustra la dependencia del Perú al capital extranjero, lo que llamó la CEPAL "la teoría de la dependencia". Actualmente existe un mercado de productos de alta tecnología que demanda todos los minerales que tiene el país: cobre para las telecomunicaciones, oro y plata para la industria fotográfica, eléctrica, dental y joyería, zinc para las aleaciones de metales resistentes, plomo para la industria de pinturas y soldaduras. Los demandantes son los países industrializados como Estados Unidos, Suiza, Reino Unido, etc. El Perú no puede aprovechar esta oportunidad porque no tiene el capital suficiente para invertir y generar excedentes por lo tanto se ve forzado a solicitar préstamos.
Ante las continuas denuncias y conflictos que se han dado entre los centros poblados y las empresas mineras el tema se ha vuelto muy sensible a los ojos de los pobladores y los medios de comunicación. Un ejemplo de ello constituye el centro poblado de Tambo Grande en el departamento de Piura. La minera Manhattan descubrió un yacimiento de oro para invertir en una mina de tajo abierto. Para poder realizar el proyecto tendría que trasladar parte del pueblo y ocupar tierras de cultivo que generan el 40% de la producción nacional de Limón y Mango. Los pobladores se opusieron a los intereses de la minera mientras el Estado Peruano declaraba la inversión minera como de necesidad nacional. Ante las protestas de los pobladores la mencionada minera después de varios años de intentos, decidió que ya no continuaría operando en la zona.
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