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Desde inicios de la década del 40 y debido a la influencia de los medios de comunicación y a la búsqueda de mejores oportunidades de vida, el flujo migratorio del campo a la ciudad se incrementó de manera notoria, fenómeno común en todos los países del ahora llamado tercer mundo. Así en el presente la población se ha orientado mayoritariamente a la costa donde se ubica el 53% de la población y especialmente en la capital, Lima, que alberga el 30%.
La reforma agraria de los años setenta permitió que los campesinos se convirtieran en propietarios de las tierras que cultivaban, sin embargo en poco tiempo éstos se empobrecieron por la falta de capacitación y experiencia en la organización de la producción y comercialización de sus productos. La desaparición del gran latifundista y en consecuencia de una clase aristócrata, modificó las relaciones sociales entre el peruano proveniente del campo, especialmente de la sierra, y los empleadores. Hasta entonces les era muy difícil acceder a una educación superior, no sólo por las limitaciones económicas sino por la discriminación social imperante que lo relegaba a trabajar en actividades de escaso desarrollo intelectual. La educación universitaria era aprovechada en su mayoría por los habitantes de las ciudades. La posibilidad de acceder en las ciudades al ciclo mejor educación - empleo - condiciones de vida, o simplemente mejores empleos contribuyeron al crecimiento de las migraciones hacia éstas.
Posteriormente, la violencia política de las décadas ochenta y noventa ocasionó un abandono del campo por ser el principal escenario de los abusos contra los derechos humanos que sufrieron los campesinos tales como asesinatos, violaciones, torturas, levas, amenazas, etc. Entre dos fuegos - los movimientos subversivos y las Fuerzas Armadas - la población rural, desprotegida e indefensa, huyó hacia las ciudades en busca de protección, seguridad y medios de subsistencia.
Las principales ciudades que han tenido un fuerte incremento de su población producto de las migraciones pertenecen a las regiones de Lima y La Libertad en la costa y; Arequipa, Huanuco y Puno en la sierra.
Actualmente, a pesar de la ausencia de violencia y de los programas estatales de reubicación de desplazados, las zonas rurales siguen aún sin ofrecer las oportunidades que los pobladores esperan alcanzar para desarrollarse y así las ciudades de la costa, principalmente Lima, continúan siendo atractivos para seguir "progresando".
En los últimos años ha habido sin embargo un pequeño flujo de migrantes que han empezado a poblar la selva. Estos son por un lado comuneros que dejan la sierra para buscar nuevas tierras que sembrar, pero también personas que buscan desarrollar actividades económicas extractivas en esta región que en la actualidad alberga a 13% de la población.
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