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Desde tiempos ancestrales los antiguos peruanos sabían que periódicamente las aguas que bañan la costa norte del Perú se calentaban de manera estacional. Con el arribo de la cultura española y el establecimiento de calendarios cristianos la fechas de arribo de las aguas coincidían con el fin del mes de diciembre. Así, se le denominó la Corriente del Niño Jesús (e alusión a la Navidad) o sencillamente la Corriente de El Niño.
La corriente El Niño es permanente y su presencia se ha considerado normal desde siempre por ser una época en la que el volumen de pesca bajaba con notoriedad y en consecuencia los pescadores la aprovechaban para reparar redes y embarcaciones.
Sin embargo, cada cierto número de años (entre siete y diez) ocurre lo que se denomina el Fenómeno El Niño, una anomalía climática y oceánica que trae como consecuencia un mayor calentamiento de esta corriente y a la vez un mayor desplazamiento de la misma hacia el sur. El mayor incremento de la temperatura de las aguas y de la atmósfera trae consigo no sólo la desaparición de especies de consumo artesanal e industrial, sino también la presencia de precipitaciones en la costa norte y centro del Perú.
Pero el fenómeno puede ser más dramático aún, pues cada cierto número de décadas aparece lo que se denomina un Meganiño, este evento es tan grande que genera inundaciones y muertes por centenas o millares. Los Meganiños son ya conocidos desde antaño y se cree que están asociado a la desaparición de la Cultura Mochica y a los fuertes estragos de la ciudadela de Chan Chan en el departamento de La Libertad. Los registros más modernos de Meganiños son de los años 1891, 1925, 1982 y 1998.
Sin embargo no todo es malo, pues con a aparición de El Niño se recuperan los acuíferos del norte peruano en general, las tierras desérticas del norte se convierten en estepas y los algarrobales, faicales y zapotales tienen asegurado su crecimiento en los próximos años, proveyendo así de alimento al ganado caprino del lugar. Más aún se forman lagunas estacionales en el desierto (La Niña por ejemplo) de donde pescadores y lugareños suelen extraer lisas.
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