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Entrevista

Los niños y la televisión
 
 
02 / 2005
Sin lugar a dudas, la televisión es el medio de comunicación más importante y masivo. Entra fácilmente en los hogares, formando parte de la vida cotidiana de todos nosotros; y al mismo tiempo presenta estímulos audiovisuales que rápidamente captan la atención y el interés de los telespectadores, que quedan cautivados en esta actividad estimuladora de sus sentidos. Para saber aprovechar este recurso y evitar convertirlo en un enemigo en la educación de nuestros hijos, la Magíster Tatiana Montoro Valdivia nos da algunas pautas a tener en cuenta:

¿Qué tan presente se encuentra la televisión en la vida cotidiana de los niños?

Mirar la televisión es uno de los pasatiempos más importantes en la vida de casi todos los niños y también de algunos adultos. Se calcula que un niño pasa frente a la televisión alrededor de 3 a 5 horas diarias, consumiendo indiscriminadamente las diferentes ofertas televisivas, mucho más tiempo que el que dedica a otras actividades como: jugar, leer, realizar actividad física, etc. A diferencia de estas actividades, mirar televisión no requiere ningún tipo de esfuerzo o creatividad por parte del niño, que se convierte en un receptor pasivo de lo que ve.

¿Qué significado tiene esta exposición indiscriminada en los niños?

Los niños son especialmente vulnerables a lo que reciben a través del televisor, ya que no cuentan con los elementos psíquicos necesarios para discriminar, comprender o hacer un juicio crítico de lo que ven; por ejemplo, no distinguen realidad de ficción, ni entienden muchas de las escenas exhibidas en la televisión, por lo que quedan muchas veces expuestos a imágenes violentas sin poseer recursos para responder a ello.

La televisión es fuente de información y recreación, por medio de ella los niños adquieren conocimientos, aprenden y se entretienen, pero puede constituirse también en algo nocivo y perjudicial e incidir negativamente en el niño si se hace de ella un mal uso.

¿Qué pautas deberíamos tener en cuenta los padres para ayudar a que la televisión se convierta en un instrumento constructivo en el aprendizaje de nuestros hijos?

Hay tres pautas básicas a tener en cuenta: la cantidad de tiempo que el niño mira la televisión, la calidad de programas que ven y la orientación que reciban acerca de lo que están viendo.

En cuanto al primer factor –la cantidad de tiempo a exposición de la televisión- éste puede ser regulado por los propios padres…

Exacto. Debemos tener en cuenta que los hábitos de mirar televisión, la importancia y la frecuencia que se le otorga a esta actividad dentro de las casas, es absolutamente transmitida por los padres a sus hijos. El tiempo que los niños destinen a esta actividad no debe quedar a elección de ellos, sino que deberá ser regulado por los padres, de manera que mirar televisión sea una actividad más, sin descuidar otras.

Para esto, es conveniente que los papas propicien y acompañen al niño en la realización de otras actividades como leer, dibujar, jugar, hacer deportes, actividades que favorezcan la creación y el desarrollo de la imaginación del niño así como también la interacción y el intercambio con otros niños, ya que la televisión deja al niño solitario y pasivo.

Muchas veces mirar televisión resulta cómodo no sólo para el niño que accede fácilmente a ella, sino que también para los padres que mantienen a su hijo entretenido, evitando de esta manera sentirse presionados por el niño. La televisión no debe suplir la presencia ni la atención de los padres, ni reemplazar las cosas que el niño necesita para su adecuado desarrollo.

En todo caso, ¿son los padres quienes también tienen la responsabilidad de elegir y discriminar los programas que los niños ven por televisión en función a la calidad de los mismos?

Si, es tarea de los padres seleccionar lo que los niños consumen. La oferta televisiva contiene mayormente escenas de agresividad y estereotipos sexuales, algunas son reflejo de la sociedad en la que vivimos, desplegada a través de los noticieros; otras, representadas en la ficción. No sólo la programación de los adultos ofrece contenidos violentos, muchas veces también las animaciones infantiles recrean situaciones de violencia.

No podemos culpar a la televisión de la violencia de algunos niños, sin embargo debemos tener en cuenta que este medio es producto de la sociedad en la que los niños viven. Los padres tenemos que ser cuidadosos a la hora de elegir lo que consideramos más adecuado para que nuestros hijos consuman.

¿Tan importante como la calidad de lo que consumen, es tener al lado un adulto que los oriente sobre lo que están viendo?

Si, y por ello la orientación que reciban sobre lo que ven en la televisión es otra tarea fundamental. Las imágenes necesitan de las palabras que digan de ellas, y es con la palabra de los padres y otros adultos con lo que el niño contará para comprender lo que ve, para diferenciar la realidad de la ficción, para reflexionar e interrogar lo que entra a través de sus sentidos por medio de la omnipresente televisión. Este sostén simbólico, que donan los adultos a los niños, es el que posibilita que ellos se constituyan como seres humanos que hablan, socializan y establezcan pautas de conducta.

¿Qué tan substancial es esta orientación, y qué beneficios obtendremos teniendo en cuenta este factor?

Ver algún programa en compañía de los hijos puede ser un buen camino para comentar, reflexionar y guiar a los niños sobre lo que absorben a través del televisor.
La televisión por sí sola no determinará comportamientos agresivos en los niños si existe una palabra que medie entre esa imagen y ellos; no será lo mismo jugar a la guerra que responder agresivamente ante cada frustración y esto no lo da ni lo quita la televisión.

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