
Las bromas pesadas, esas
calculadas y planificadas circunstancias que nos ponen en un extremo del ridículo,
que permiten arrancar una carcajada explosiva de quienes nos han llevado de la
nariz o han visto como lo hacían otros, las que en inglés se conoce como
chistes prácticos, equivalentes cotidianos de la cámara escondida, versiones cómicas
y puntuales del acoso matonesco, la imagen en espejo de la fiesta sorpresa, o
lo que está exonerado de condena social en el día de los inocentes, podrían
tener algún valor en la economía de las relaciones interpersonales y la dinámica
colectiva, pero también en la percepción que tenemos de nosotros mismos.
Aparentemente, las bromas pesadas tienen el efecto de producir un baño de humildad interpersonal. ¡Hasta al mejor cazador se le escapa la paloma! Y no solamente humildad - es algo así como que también el rey tiene su bufón que puede burlarse de él-, sino que también obliga a un esfuerzo de reflexión, en el sentido literal de la palabra, una mirada sobre nuestro propio pensamiento, sobre nuestro propio estilo, sobre procesos tan naturales que no los miramos nunca y que la broma pesada nos obliga a recordar, para estar mejor preparados la próxima vez, una en la que, quizá, no sean los buenos con ganas de fastidiar, sino los malos con ganas de destruir, los que tengamos que enfrentar.
La idea de todo juicio es establecer la verdad sobre la base de procedimientos que aseguran una contrastación de testimonios, pruebas, acusaciones y defensas, de manera que se pueda decidir - en nuestros países los jueces y en los de tradición anglosajona los jurados- inocencia o culpabilidad. ¿Hay lugar, dentro de un sistema que no deja las cosas a lo divino, como en las ordalías, o a la arbitrariedad de las conveniencias del poderoso, sus favoritismos y venganzas, como en todas las dictaduras y las cleptocracias, para la subjetividad y el error? Claro que sí. Hay casos famosos y también las investigaciones sobre sesgos en los testimonios y su procesamiento por parte de jurados ofrecen resultados desconcertantes. Pero en el largo plazo, los sistemas judiciales independientes aseguran el menor grado de injusticia.

John Kao no es una persona
cualquiera. De hecho, la connotada revista inglesa The Economist lo llamó
Mister Creatividad y su historia personal no engaña: psiquiatra de formación,
invitado - como pianista- por el Legendario Frank Zappa para un verano de grabaciones
con el grupo The Mothers of Invention - mombre más que apropiado para un especialista
en innovación-, productor de películas, se dedicó, más bien, a enseñar en el
Harvard Business School y fue profesor visitante en el famoso Media Lab de MIT.
Actualmente tiene una empresa consultora, Kao & Compañía, centrada en el
tema de la creatividad organizacional en el nivel de empresas privadas y el
sector público.

Imaginemos que asistimos a un programa de concursos y el
conductor nos presenta tres puertas. Una de ellas nos da acceso a un hermoso
carro y las otras dos a... una cabra. Nos encomendamos a todos los santos y
elegimos, digamos, la del centro. Tenemos una posibilidad en tres de salir
sobre ruedas y dos sobre tres de tener leche y queso por un tiempo.
Pero el conductor introduce un pequeño cambio: abre una de
las otras dos puertas y resulta que aparece detrás de ella una cabra. Y nos
dice: "le doy la posibilidad, si usted lo quiere, de cambiar la puerta que
usted escogió inicialmente". Les pregunto a ustedes, queridos internautas: ¿vale
la pena cambiar? ¿es la mejor estrategia quedarse con la puerta elegida en
primera instancia? ¿da la mismo en la medida que en fin de cuentas hay 50% de
posibilidades de auto y de cabra?
La lactancia materna exclusiva es loada en casi todos los
medios ligados a la salud, física y mental, tanto en el nivel de los
profesionales que atienden, como en el de los investigadores y los miembros de
las distintas burocracias ligadas a esos asuntos. No siempre fue así. Como
muchos otros aspectos de la vida, también en lo tocante a la crianza de niños,
las modas se dan, junto con las ideologías. No es únicamente un asunto de saber
y verdades científicas. Muchas veces pesa más lo que la sociedad espera de sus
integrantes a la hora de decidir qué se hace, cuándo se hace y cuánto se hace.
¿Por qué se hace? Bueno, esa pregunta si nos empuja a buscar en la sabiduría de
nuestros padres, en los mitos de una cultura o en los especialistas y quienes
nos hacen llegar sus conclusiones.
Es posible que algunos de ustedes hayan escuchado hablar de
la Academia Internacional de Artes y Ciencias Digitales. Sus 550 miembros, que
incluyen al cantante David Bowie, al empresario Richard Branson, al inventor de
Internet, Vint Cerf, y al creador de los Simpsons, Matt Groening, otorgan y
presentan, desde 1996, los Webby Awards, el equivalente del Oscar de la
virtualidad.
Hay un asunto muy interesante. Todos hablamos y nos
preocupamos mucho por los animales que están en vías de extinción y hacemos
campañas para aumentar el nivel de conciencia de la opinión pública sobre el
peligro de perder más especies de las que ya desaparecieron de la faz de
nuestro planeta. Pero, ¿qué hay de los animales que no solamente no son
acechados por exterminios a través de la caza indiscriminada, los efectos de
nuestra presencia o las alteración de los nichos ecológicos, sino que, por el
contrario, han aumentado su número y han probado ser especialmente hábiles para
encontrar maneras de sobrevivir?
Piensen en las cucarachas o las ratas. Por un lado, han
tenido la inteligencia de acercarse a una especie poderosa, la más más de la
creación, nosotros, y nunca están lejos de donde vivimos. Al hacerles la
guerra, de manera sistemática, justamente estamos generando presiones
evolutivas que los obligan a perfeccionarse, defenderse de nuestros venenos y
nuestras presencias y... reproducirse mucho más. En realidad, la mejor manera de
exterminarlos, el equivalente de una catástrofe ecológica de grandes
proporciones, sería... desaparecer nosotros.
El Instituto Peruano de Acción Empresarial, IPAE, es un espacio educativo conocido por todos. Pero, también, un centro de reflexión permanente y una fuente de iniciativas que buscan elevar el nivel educativo de nuestro país. Además de las conocidas CADE - para los ejecutivos y para los estudiantes-, entrega una vez al año un premio al mejor empresario del año. Esta vez lo recibió Gastón Acurio. Tuve el honor de pronunciar el discurso de orden en la asamblea general de la institución que tuvo lugar el 23 de mayo en el Puericultorio Pérez Aranibar.

Es el futuro al final del pasadizo, visto por una jovencita
que va a cumplir dieciséis años en un par de meses. Tercero de secundaria, ese
año en el que la vida se les viene encima y tienen certezas como que van a
terminar el colegio - antes se veía lejos, la puerta de salida, la graduación-;
que deben escoger una carrera, ya, rápido, porque si no es así, pierden tiempo
y todos les dicen que no tienen un segundo que perder, aunque a esa edad nadie puede
saber qué quiere hacer realmente; que hay que tener éxito con el otro sexo -
ser flaquitos, estar vestidos a la moda, hablar bonito-; que, sí, en algún
momento tendrán que volverse autónomos, algo por lo que han luchado tanto en la
búsqueda por estirar la hora de regreso de las discotecas y fiestas, pero que,
visto de otra manera, hace perder comodidades y privilegios. Sí, certezas, pero
que no se acompañan de seguridades, de un mínimo de valoración propia.

